10 de febrero de 2012

Adolfo Postigo Choque: El hombre, el docente, el poeta


    El hombre, el docente, el poeta
                                                
                                                             
Escribe: Américo García Maldonado

    
Prof. Adolfo Postigo Choque
La Ciencia y la Poesía estarán unidas, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte las separe. Porque son una reflexión sobre el ser humano, un deseo de felicidad o un amparo contra la desgracia”. Son palabras del poeta español Luis García Montero. A su vez, para el poeta colombiano Carlos Framb: “La ciencia y la poesía son dos formas de un mismo éxtasis”. El científico alemán Karl Weiestrass, asegura: “Un matemático que no tenga algo de poeta nunca será un matemático completo”.

Estos conceptos parecen habitar bajo la piel de Adolfo Postigo. El profesor de rostro serio y personalidad sensible. Nos demuestra que bisectrices y cuartetas, axiomas y rimas, no son el agua y el aceite. Por eso, pactamos un encuentro para que nos hable, entre otras cosas, de esta particular simbiosis.

Una elegante cafetería fue el punto de reunión. Nos sentamos frente a frente. Adolfo, pidió dos cafés. Puso la Laptop sobre la mesa. Prendió el aparato. Y la pantalla mostró un listado de poemas. Uno a uno los fue abriendo. Con un gesto nos invitó a leerlos. ‘La niña de rosa’, ‘Mi niña lejana’, ‘Tango sin ella’  entre otros. Comprobamos la calidad de su pluma. De un lenguaje sencillo, emotivo y profundo. Nos miró, esbozó una sonrisa y expresó: “Tengo más de cien poemas y voy a editar un libro…”

El mozo acercó el pedido. El profesor agregó el azúcar. Giró la cucharita. Un sorbo de café caliente. Hizo doble clic con el mouse. Y la voz del eterno Carlos Gardel se sumó a la cita. “Estoy familiarizado con la música de Buenos Aires, recuerdo las reuniones que se hacían en mi casa cuando era niño. Mi padre bailaba el tango con mis tías y lo hacia muy bien…”

Su recuerdo cayó como anillo al dedo para empezar con la entrevista.

Con Américo, en la entrevista
--Hablando de tu niñez… ¿Dónde y cuando naciste?
 --Nací en Arequipa, el 25 de marzo de 1945. Cuando tenía  6 años de edad, nos trasladamos a Lima. Nos instalamos en la urbanización Leoncio Prado del Rímac.

--¿Tus padres a que se dedicaban?
--Mi madre vendía flores. Mi padre era artesano en joyería. Hacia trabajos en oro y plata. Eso permitía que nunca faltara el pan sobre la mesa.

--¿Dónde estudiaste la primaria?
--En el colegio España Nº 455 del Rímac.

--¿La secundaria?
--En la gran unidad escolar Ricardo Bentin. Por ese entonces había que postular para ingresar. Fui un buen alumno. Mi rendimiento era  parejo en todas las materias. Soy promoción 1964.

--¿Y tus estudios superiores?
--Postulé a la UNE (Universidad Nacional de Educación) La Cantuta. Ingresé y obtuve una beca, eso permitió que aliviara el gasto de mi casa.

--¿Pasaste momentos difíciles?
--Sin duda. Recuerdo que cuando estudiaba por las noches hasta las 2 o 3 de la mañana, lo hacia con la luz del poste de la calle que entraba por la ventana. Porque las condiciones económicas eran muy limitadas.

--¿Te fue fácil elegir la profesión?
--No. Me costó decidirme por ciencias o letras. Al final opté por ciencias. Obtuve el titulo de profesor de educación secundaria en la especialidad: Área principal Química y área secundaria Física y Matemáticas.

--Seguiste varias especialidades…
--Así es. Esto era conveniente a la hora de la enseñanza. Ya que dando varias materias podía cubrir las 24 horas semanales exigidas por el Ministerio de Educación. Y así cobrar el sueldo completo.

--¿Donde fue tu primer trabajo como docente?
--En el Pedro Coronado en 1969. Tenía 24 años de edad.

--¿Te tembló el pulso en tu primer día de clases?
--No. Yo tenía cierta experiencia porque en La Cantuta, a partir del segundo año, se practica como auxiliar de aula. Y en el último año se hace un semestre como profesor de aula. Esa es la ventaja de La Cantuta con respecto a otros centros de formación.

--De todas maneras era distinto…
--Es verdad, en La Cantuta solo eran 20 o 25 alumnos. Y en el Coronado me enfrenté a un salón con 60 estudiantes. Pero yo tenía calle por ser del Rímac. No me chupé. Tomé al toro por las astas y supe manejar a ese grupo numeroso.

Con las alumnas del Colegio
Enrique Guzmán y Valle
--¿Qué materias enseñabas?
--Matemáticas porque los otros cursos estaban cubiertos por otros colegas.

--¿Cuántos años en el Coronado?
--Desde 1969 hasta 1986.

--¿Enseñaste en otros colegios?
--Si. En el Enrique Guzmán y Valle. En el Coronado enseñaba 10 horas y en el otro plantel 14 horas. Con eso completaba mis 24 horas semanales. Luego, en el Coronado me dieron más horas. Y tuve que dejar el otro colegio, donde tenía tres aulas de primero de media. Tengo un grato recuerdo por ese plantel. Un día volví para visitar a los alumnos. Salieron corriendo a saludarme. Había calado hondo en esos muchachos. Se treparon de mí y me emocioné hasta las lágrimas.

--¿Ves diferencias entre el alumnado actual y el de esa época?
--He perdido contacto con la secundaria desde 1987. Pero, a partir de los años 80 noté que cada vez había más alumnos desaprobados. Eran pocos los estudiosos. Por ese entonces fueron apareciendo las pandillas. Y se fue perdiendo el respeto a los profesores.

--¿Los profesores fueron perdiendo autoridad?
--Si. Sobretodo aquellos que cobraban a los alumnos.

--¿Qué piensas de esos profesores?
.--Pienso que denigran a la profesión. Nunca justifiqué su conducta. Si quieren plata que trabajen. Pero así no.

--¿Algún alumno te insinuó dinero?
--Si. En una ocasión, seis alumnos del Coronado que estaban jalados en Trigonometría y Geometría del espacio, me ofrecieron 600 soles para que los apruebe.

--¿Cómo reaccionaste?
--Les dije ¿Cuánto hay? Me dijeron la cifra y respondí: Vayan a la tienda Monterrey, compren víveres y lo reparten en el barrio Huascarán. Anoten la dirección de las casas para luego ir yo a constatar si realizaron la entrega.

--¿Y los alumnos que hicieron?
--Fueron y cumplieron. Cuando volvieron les dije: Ahora ¡Vayan a estudiar carajo! Porque a mi no me van a comprar.

--¿Y…?
--Estudiaron. Se quemaron las pestañas. Rindieron su examen y aprobaron.

--¿Pero, como se acercaron a ti con semejante proposición?
--Un auxiliar, que les quería sacar plata, les dijo que yo cobraba y que él era intermediario. Pero, los alumnos prefirieron hablar directamente conmigo. Sin duda, se equivocaron de profesor. Yo jamás haría una cosa así. En la Cantuta tuve maestros de nivel que nos daban cátedra de formación. En mi casa también recibí lo mismo.

--¿Algún colega tuvo problemas similares?
--Por supuesto. El profesor Weider Arista fue cesado de su cargo por no aceptar dinero de un General del Ejército que pretendía que aprobara a su hijo. El profesor Arista se quedó sin trabajo en un colegio particular de prestigio, pero demostró honestidad.

--Tienes fama de que no te casas con nadie…
--Trato de ser justo. Si el alumno estudia, aprueba. Yo comprendo que muchos tienen problemas en su casa. Incluso hay de los que no tienen ni para comer. Por eso siempre le doy otra oportunidad. El profesor tiene que ser psicólogo, muy observador para poder apoyarlo en el lado humano.

--¿Nunca regalaste notas?
--Jamás. Yo regalo oportunidades. La finalidad es que el alumno aprenda.

--¿Cuándo empezaste en el SENATI?
--En 1970. Ernesto Loayza confió en mí y me dijo que en el SENATI había una vacante. Postulé y agarré el puesto. Previamente me perfeccioné en Ciencias Básicas en la Universidad San Marcos. Nos presentamos doce profesores, entre ellos Weider Arista. Él obtuvo el primer puesto. Yo el segundo lugar. Pero, como Arista estudiaba en la Agraria no podía por el horario. Y a mi me dieron el trabajo. Soy instructor de Metalografía. Llevo 41 años en ese centro educativo.

Con el Prof. Filomeno Macedo
--Si te digo Filomeno Macedo… ¿Qué respondes?
--Una gran persona. Dejó huella en muchos alumnos. Como entrenador, llevó a la selección de fútbol a lo más alto. Le dio nivel al colegio. Tenía personalidad. Más allá de sus defectos como toda persona, entre ellos la bohemia. Tenía calle.

--Ernesto Loayza…
--Gran colega y amigo. Muy colaborador en la parte administrativa del colegio. Siempre solidario.

--Otros colegas…
--Los profesores Ciro Martínez, César Granda, Felipe Marquina, Rufino Huyhua, Néstor Herrera. Todos ellos grandes personas. Mención aparte merece el director Juan Bautista Scarsi Valdivia, un señor con mayúsculas. Íntegro. Probo. De todos los directores que conocí, ninguno le llega a la punta de los pies.

Parados: Aranibar, Postigo, Carrillo,
... y Porras. Sentados: Robles, ..., Za-
pata, ... y Villanueva
--Fernando Carrillo…
--Excelente persona. El gordo, no era bueno en matemáticas. No tenía talento para los números. Pero, si tenia inteligencia emocional, manejaba bien su inteligencia intra e ínter personal. Por eso es querido por los ex alumnos y todos lo que lo conocen. Hizo bien al elegir una carrera de letras como la abogacía. Es un buen profesional, muy bromista y gran amigo.

--Dice Fernando que en Huaraz le quitaste una enamorada…
--No es cierto. Ella no le dio bola a él y se fijó en mí. Eso fue todo. (Risas)




--Luis Alberto Lingán…   
Con Luís A. Lingan Paredes
--Otro gran amigo. Casi como un hermano. Con el chato hemos vivido hermosas experiencias. Conocí y traté mucho a sus padres al igual que a los de Carrillo. Ambos siempre están presentes en mi vida. Viajamos a Tarma y al Callejón de Huaylas. Recuerdo que en Huaraz, Lingan, se enamoró perdidamente de la que hoy es su esposa.

Prof. Postigo,
de cuclillas, extremo izquierdo
--Aquella vez en Huaraz jugaste por la selección del colegio…
--Es verdad. Fue en setiembre de 1969. Enfrentamos al colegio Mariscal Luzuriaga. Ganamos 2 a 0. Reemplacé al ‘manco’ Salazar que no pudo viajar. Jugué bien y convertí un gol, el otro tanto lo hizo Walter Canseco.

--¿Cuando nace tu vocación por la poesía?
--En cuarto año de secundaria le escribí a una enamorada. Primero escribí por amor a una mujer. Luego por las injusticias y las revoluciones en America. Siempre me identifiqué con la gente más necesitada. Hay mujeres que marcaron mi vida y me han hecho dedicarles algo. Mis escritos revelan mi forma de ser.

--Convives con lo racional de tu profesión y lo emocional de la poesía…
--Es cierto. Las ciencias y las letras anduvieron siempre conmigo. Como actos indivisibles. Recordemos que el físico y genio Albert Einstein fue un virtuoso del violín.

--¿A que poetas admiras?
--A Cesar Vallejo, Alejandro Romualdo, Pablo Neruda, Gustavo Adolfo Becquer.

--¿La poesía es una ciencia?
--Si. Ambas surgen de la búsqueda de la verdad. A veces la poesía nos da respuestas que la ciencia no puede darnos. Para escribir versos, hay que tener capacidad de síntesis. Para cuadrar los versos hay un patrón sin necesidad de rimar. Estrofas de dos o cuatro líneas que tienen un inicio y un término. Como decía Don Ricardo Palma: ‘Para escribir hay que tener talento’.

--¿Cuál de tus poemas es tu preferido?
--‘Mi niña lejana’.

--¿Que música te gusta?
--La música trova. El Tango.

--¿Cantantes preferidos?
--Alberto Cortez, Facundo Cabral, Silvio Rodríguez, Andrés Calamaro.

--Tienes buenos poemas, juegas bien al fútbol, pero cantando Mmmm…
--Como cantante nunca voy aprender pero no me puedo reprimir. (Risas)

--¿Cómo se integra tu familia?
--Mi esposa Ruth. Mis dos hijos: Gabriela y Gustavo. Y tengo tres nietos que son mi adoración.

--¿Qué te hace feliz?
--Mi familia. Mi trabajo. Las amistades que uno cultiva en la vida. Mis alumnos y ex alumnos. La tercera edad con Gabrielita, Favita y  Paquito.

Prof. Postigo de pie. Sentados: Robles,
Aranibar, Porras, entre otros, en Huaraz.
--¿Qué te hace enojar?
--Cualquier cosa pero se me pasa rápido. Soy temperamental. A veces levanto la voz y no mido consecuencias. Pero si es necesario pido disculpas.

--¿Que haces en tus ratos libres?
--Me gusta ver películas en la televisión. Leo diarios como ‘La Republica’, ‘La Primera’. También el Internet.

--¿Qué titulo le pondrías a tu vida?
--‘Más allá de una canción’.




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